Tengo escritas más de 20 cartas que jamás envié, escondidas entre las páginas de libros olvidados.
Tengo mil conflictos bajo el tórax, la necesidad de que leas en braile mi piel cuando está de gallina y la duda de saber si repetiremos ese último beso.
Mis latidos hace tiempo que dejaron de tener sentido, pero no pienso reconocerlo. Escribo de noche, como los bohemios, los borrachos o como las putas que llegan tarde del trabajo con el alma magullada y el corazón desquebrajado.
¿Absurdo todo esto, verdad? Solo comparto historias con el relleno de mi almohada. ¿Con ellos? Con ellos no tengo historias, soy el cúmulo de una serie de catastróficas desdichas en intentos de verte.
Tengo mil conflictos bajo el tórax, la necesidad de que leas en braile mi piel cuando está de gallina y la duda de saber si repetiremos ese último beso.
Mis latidos hace tiempo que dejaron de tener sentido, pero no pienso reconocerlo. Escribo de noche, como los bohemios, los borrachos o como las putas que llegan tarde del trabajo con el alma magullada y el corazón desquebrajado.
¿Absurdo todo esto, verdad? Solo comparto historias con el relleno de mi almohada. ¿Con ellos? Con ellos no tengo historias, soy el cúmulo de una serie de catastróficas desdichas en intentos de verte.

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