Después de la lluvia la ciudad se transforma igual que tus pasos sobre los charcos y tu postura en aquel banco de distinta tonalidad grisácea...
Corro para ganarle la carrera a las agujas del reloj y de fondo solo oigo un eco y no soy capaz de girarme para ver tus pasos pero sigo oyendo el eco...
Pusimos los relojes en hora días antes de un viaje de más de 800 km y casi 4 meses de distancia...
A la vuelta, el jet lag, las prisas, el proceso de adaptación y la cantidad de aventuras que llenaban los espacios de silencio que encajaban en mi cabeza, no dejaron que me acordase de ese reloj... De un reloj que quedó guardado en un cajón y que desempolvaba de tiempo en tiempo, para que el segundero siguiese marcando un ritmo, que antes parecía trepidante y tiempo después parecía que se equivocaba de sentido, dando marcha atrás….
Un día gris cualquiera, un cartel amarillo me avisa de que es la hora…
Entro en una sala... y miro mi reloj, el segundero descompasado, y las agujas marcan que es la hora T A R D E en punto… levanto la cabeza y encuentro una gran parte de tí tras un enorme fondo gris...
Pero no era esta la parte de tí que esperaba encontrar...
Me tiemblan las piernas, miedo, una lágrima que casi roza la mejilla me acompaña hasta la puerta, donde bajo la lluvia me espera un abrazo que no acaba de llegar por eso, por miedo…
Se levantó con pinchazos en las sienes la vista nublada y unos cuantos restos de chocolate en los dedos…
La noche había sido larga y otra vez más la pasó sola... Sola … como el resto de las noches que componían las tres últimas semanas…
Y entonces se acordó de su rutina anterior ... y de repente una lágrima que arrastraba lentamente restos secos de otras anteriores fue a aterrizar a la comisura de sus labios y al llegar a sus labios fue cuando descubrió que la rutina de hacía un tiempo se había convertido en un deseo...
y fue ese deseo el que le empujó en ese momento a coger el móvil, marcar una sucesion absurda de números, y conseguir así que aquella tarde el café no fuese solo ni a solas y no fue así pues alguien se sentó en su misma mesa alguien acompañó al ligero café solo y esta vez no fue un azucarillo
Y así fue como él consiguió endulzar la tarde incluso más de lo que hubiese conseguido el absurdo, diminuto y efímero azucarillo…
Notó como alrededor las cosas habían cambiado y entre preguntas sin respuestas y respuestas a preguntas nunca formuladas ganaba el puso el plural... sin conseguir que nadie se pusiese al lado de la unidad.
Porque los únicos no siempre ganan y no es cuestion de ganar más bien era cuestión de no seguir perdiendo...
Perdiendo la sombra a cada paso la sombra que al anochecer asusta pero que durante el día se hace casi imprescindible...
imprescindible... aunque fuese para dejar de ser por unos instantes