viernes, 31 de diciembre de 2010

dos.mil.diez

Estoy lista. Podemos dar otra vuelta al círculo, empezar de cero, una nueva secuencia como otras tantas, perfectamente compuesta por pedacitos de 12. Estoy lista pero tengo miedo, no quiero dejar todo esto aquí, no quiero dejarlo marchar, no sé si me entiendes... Fuimos valientes, fuimos sobresalientes, fuimos héroes, fuimos amantes con corazones ardientes, fuimos más fuertes que cualquier luchador de sumo al que te puedas enfrentar, pero también fuimos débiles, fuimos breves, fuimos escenario de pasiones, de olvidos y de dolores como lo son las operaciones a corazón abierto, como cuando te descubres encontrándote contigo mismo... Hemos estado en manos de todos y en manos de nadie, hemos estado en el límite del precipicio, yo resbalé, estuve a punto de tocar el fondo con la uña del dedo meñique del pie izquierdo, suerte que tuve una buena red de resistencia para amortiguar el golpe. Eso me hizo coger ventaja y ponerme a la cabeza del pelotón en la carrera, como el buen corredor de fondo, también estuve acompañada por la soledad... la soledad del corredor de fondo... mi soledad, tu soledad, nuestra soledad... no hay mayor soledad que la soledad compartida... Tengo miedo a dejar todo esto, tengo miedo de las despedidas, supongo... miedo, de volver, volver a empezar la secuencia, volver a empezar, volver a volver...

lunes, 27 de diciembre de 2010

primer principio de la termodinámica y tú

Tus lágrimas nunca cristalizan, no creo que sea por culpa de la sal o el frío; el caso es que tú nunca lloras, ni siquiera cuando te quitas o te pones las lentillas.

Mírame, te acabo de dar una de las noticias más tristes que podrías haber escuchado estos días, y permaneces ahí, tumbado en tu cama, con un cómic entre las manos y una mueca impasible, como si el tiempo no pasase por ti, como si tus ojos no mirasen, como si tu corazón no sintiese, como si no pudieses procesar... falta de procesos cognitivo-motores a la altura de tu pecho.

¿Qué pasa ahí dentro? Te pregunto, dime al menos que estás bien...

Mueca congelada, equilibrio perfecto de partículas y conexiones neuronales infinitas, sinapsis continua en tu interior, ni siquiera tus labios se arquean para dar lugar a una fugaz mueca de tristeza o miedo, o al menos, cualquier emoción diferente a la de indiferencia.

Entonces fue cuando comprendí porqué no tenías lágrimas, careces de ese impulso que premite a la gente expresar lo que siente, expulsarlo. No eres capa de expresar nada, ni con palabras ni con gestos, falta de comunicación afectiva intencional e in.intencional a la altura de tu tronco y rostro, acumulación explosiva en el interior, si no abres la puerta pronto corres el peligro de ahogarte en tus propias ideas, pensamiento, fluidos...

Me acerco y te beso, entonces empiezo a notar tus labios salados; hemos encontrado el medio de descompresión... ahora busco un punto inerte entre tu cuerpo y tu emocionalidad para conseguir el equilibrio perfecto que me mantenga unida a ti por más tiempo, permitiendo que no te ahogues tú por dentro, ni me ahogue yo, aquí fuera, fuera de ti mientras nado hasta tu interior y consigo al final el equilibrio de presiones externa e interna...

lunes, 20 de diciembre de 2010

frio.polar

Me gusta el frío
y el traqueteo que desemboca en los dientes, que tiemblan en los límites de la teoría buscando energía cinética que se transforme en energía calórica... sí, en calor...

Suerte, que no están dislocados los huesos,
porque ellos también iniciarían ese baile por culpa del hielo que los arropa...

jueves, 16 de diciembre de 2010

regalo

Tu pelo aún conservaba restos de sal del mar. Me dijiste que era mi regalo: "cierra los ojos, ven".

Hacía tiempo que no te sentía tan cerca. El abrazo fue de esos mínimos en distancia, costaba respirar pero la sensación era agradable...

Me tocabas el pelo, yo odio que me toquen el pelo, pero tú siempre tuviste licencia para hacerlo. Mis dedos se enredaban en tu pelo, la nariz cerca de tu cuello, "hueles a verano" te dije... tú sonreías y me apretabas junto a ti, "es un regalo, te he traído un pedacito de mar, para que puedas nadar y no te ahogues"...

En ese momento empecé a desbordarme por culpa de las mareas internas. Mi cuerpo reaccionaba con forma de espasmos, tú, me abrazabas más fuerte...

No recuerdo cuánto tiempo permanecimos así, pero estaba lloviendo... lo recuerdo porque tu rostro comenzó a empaparse y tus labios sabían a sal.

"Este es tu regalo" repetías una y otra vez...

Subió tanto la marea, que tuvimos que construir un dique, demasiado frágil, pensé; efímero, quizás... "Si me sueltas ahora creo que voy a empezar a hundirme" te decía bajito, como el que le dice al otro que no se aleje nunca más, que no le deje solo en medio de tanta agua... que le necesita, en definitiva...

"Este es tu regalo, solo para ti,
solo
para
ti..."

sábado, 11 de diciembre de 2010

(...) Te has convertido en uno de mis pasatiempos preferidos en los últimos tiempos... "los tiempos han cambiado", eso dicen en la radio. Cariño, nuestro tiempo no nos cambia, porque ya nos cambió el pasado, créeme, esto ahora ya no es historia, esto es presente, esto es velocidad, es vértigo, es vida... sólo nos queda vivirla, ¿no lo crees?

Te salvaré de la soledad mientras me salvo a mí misma de toda esta espiral de autodestrucción que me ha tenido tanto tiempo atada a pies y manos...

Te salvaré, en definitiva, para salvarme a mí misma. (...)

viernes, 10 de diciembre de 2010

carácter implosivo

- Eres un egoísta.

- ¿Quién coño te crees para llamarme así? Y mírame a la cara cuando me hables, cobarde...

- Es gracioso que tú hables de cobardes, realmente gracioso, ¿no lo crees?. Y no, no me da la gana mirarte a la cara. Si lo hiciese sólo sería para vomitarte en la boca, echarte toda la mierda que estuve tragando por ti, porque en el fondo te pertenece, ¿no es así?.

- Eres mala persona

- ¿Te crees original por soltarme esa mierda de frase?¿Tú qué clase de persona crees que eres para etiquetarme y meterme en uno u otro saco? Explícamelo...

- Yo soy buena persona, al menos la gente no me odia.

-No, la gente no te odia, pero eso tampoco quiere decir que te respeten o te quieran. Mírate, en realidad no tienes a nadie ahí, estás solo mientras te rodeas de mucha gente, pero estás completamente solo. Me tuviste a mi y las tuviste a ellas pero las perdiste, y digo bien, las perdisTE porque fuiste tú el responsable.

- ¿Intentas hacerme sentir culpable?

- No, yo no manejo el concepto de culpa, eso lo dejo para tus amigos, los putos curas. Estás solo y más perdido que nunca. Lo peor de todo es que te he acercado el flotador demasiadas veces para que no te ahogases y lo has rechazado una vez tras otra. Ya me he cansado, es más, ahora me divertiría mirar cómo se acaban tus fuerzas, cómo lloras por salir a flote, cómo haces por impedir ahogarte, desaparecer, morir...

- Eres realmente cruel, ¿por qué me dices todo esto? Te gusta hacerme daño, como a los demás... siempre haces daño a la gente.

- ¿Te sigues creyendo original por soltarme esas frases?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

diciembre

Confundo el invierno con la primavera;
no me había ocurrido nada semejante hasta ahora.

Si leo entre líneas siempre aparece un nuevo fruto germinando entre tus versos.

El frío y el silencio ya no existen, no entiendo el concepto de Navidad; y la nieve, como yo, no soporta esta estación, por eso se derrite, desaparece, se extingue...

El frío no llega a los huesos, o quizás yo no lo noto porque están entumecidos... solo funciona el órgano encargado de bombear sangre,
circuito cerrado,
espiral incesante de nutrientes,
de vida,
de calor.

El problema está arriba,
demasiada irrigación,
demasiados cómputos,
ideas,
formulaciones y reformulaciones...

Este contínuo me lleva a la parálisis racional, bloqueo cerebral... pero sigue o sigo bombeando sangre, nutrientes, calor... sobrevivo a base de emociones.

No entiendo el invierno
y mucho menos el frío
aquí
y
ahora.

domingo, 21 de noviembre de 2010

noviembre

¿Sabes la historia del lago que había aquí antes?
Pues verás, un mes de Noviembre vino una bandada de patos y se posaron en el lago, la temperatura bajó tan deprisa que el lago se heló, entonces los patos se fueron volando y se llevaron el lago con ellos... dicen que ahora debe estar en algún lugar de Georgia.


Esto es solo una metáfora que puedes aplicar a lo nuestro, me estoy helando tanto que corro el peligro de huida, me marcharé, desapareceré rápidamente, tanto que te llevaré conmigo a cualquier otro lugar... el problema es que no sé si apareceremos en Georgia o París; tampoco sé si volverás para encontrarte,
encontrarme
encontrarnos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La política chic

En cierto sentido, un intelectual es exactamente lo contrario a un político. Un político es un tipo que simplifica a l máximo los problemas, reduciéndolos a lo esencial para poder resolverlos de la manera más sencilla y más rápida posible; por el contrario, un intelectual es un tipo que en vez de simplificar los problemas los vuelve más complejos, formulándolos de la manera más compleja posible, o un tipo que inventa problemas donde nadie los ve, mostrando que la realidad es más rica de lo que aparenta. Un buen político es aquel que jamás inventa un problema: solo los vuelve más problemáticos, o los inventa. Esta oposición es otro motivo para desconfiar de los intelectuales metidos en política. Y, dicho sea de paso, también de los políticos metidos a intelectuales. [...]

Javier Cercas. Palos de ciego.


Continuación en: http://www.elpais.com/articulo/portada/politica/chic/elpepusoceps/20101031elpepspor_2/Tes

domingo, 10 de octubre de 2010

domingo

me gustan
las batallas que comienzan contigo y acaban en tu cama.

Es fácil
arreglar el mundo
si se trata de inventar combates que acaben en pactos de saliva y sudor.

Me quedo
con las huellas de tus uñas en mi espalda
y el puñal en le pecho cada vez que dices adiós cuando se termina
el disco
la música
nuestra canción
nosotros.

pensamiento.precontemplativo

La ciudad colapsada y

tú porque permaneces
pero permaneces inerte
dejándote llevar por la masa
esquizoide
esquizotípico
esqui
equi
equidistante
en el mismo punto
porque permaneces
permaneces
pereces
y
lo
peor
es
que
no
avanzas.

sábado, 9 de octubre de 2010

Se necesitan 2 años para aprender a hablar
y 65 para aprender a callar.

Hemingway

jueves, 12 de agosto de 2010

horas de luz

El olvido es de las pocas cosas eternas y perecedera,
el milagro reside en alcanzar el verdadero olvido.


Y tú me hablabas del tiempo y a mi se me escapaban los segundos de las manos mientras los sentidos se transformaban en sinsentidos por culpa de tu ausencia.

Y tú hablabas del tiempo mientras yo intentaba desequilibrar los mecanismos de la física cuántica o la física que habitaba en nuestros cuerpos, entre nosotros, segundos antes de consumirnos en el olvido.

Y tú me hablabas del tiempo y yo te preguntaba en qué fracción de minuto encajaría nuestro olvido mientras te miraba y me miraba; mientras miraba nuestros cuerpos desnudos en el espejo de aquella habitación de hotel.

martes, 10 de agosto de 2010

lugares

Y yo
soy la mitad de alguien valiente si me faltan tus detalles

miércoles, 4 de agosto de 2010

días tontos

Tal vez tardé en aprender a aceptar el dolor, el daño... O eso, o que era muy difícil aceptar que había aprendido a aceptarlo. Era una especie de cansancio despierto.

Andaba por playas y estaban rotas; me entretenía en el rojo de los semáforos y estaban rotos; me ponía a pensar, y estaba rota... Completamente rota. El problema es que yo no sé qué rompió todo ni quién me rompió a mi... Solo sé que un día me puse a hacer recuento y me faltaban trozos, pedazos de mi misma.. y esos trozos, esas partes, no se pierden porque sí. Ni los dejas debajjo de la cama, ni se cuelan por los estantes del cuarto... Esos trozos se te despegan o te los arrancan, e incluso, a veces, se te escapan porque ya no se sienten parte de ti. Quien se haya convertido en partículas de uno mismo, sabrá de lo que hablo.

No son historias sin sentido, quizá para mi solo son palabras que guardaré a modo de diario y no me hablarán de calidez de aquí a viente años, cuando las desempolve de nuevo... Pero no me importa, porque no las necesitaré. Supongo que para entonces los días nublados serán de esos días en los que existan quistes grises en el cielo. Días, en los que ya no duela la imaginación, o las esperanzas punzantes, o el hecho de aceptar la insatisfacción continua, o que el pinchazo en el pulmón no sea algo casual.

Supongo que son días y días, que hay días que deberían arrojarse rápido sin parachoques por el horizonte, a modo de suicidio; y ya no solo porque me encante la noche, sino también porque la vida me cansa y estoy cansada. Los pies duelen cuando llevas tanto tiempo siguiendo pasos que no te han dejado huella. ¿Quién quiere volar? Porque yo estoy cansada de seguir aquí, mientras me pisa el cielo... Y tanta incoherencia sumergida en el barro, tanto roto aferrado a mis talones... Parece como si me fuese a desmigajar como lo inservible en cualquier momento...

Parece, que el tiempo me está dejando con la mayor de las ignorancias en la menor de las cunetas, en medio de la abundante, constante e inmedible soledad... Por favor, que me despierten cuando se extingan los días tontos.

domingo, 27 de junio de 2010

figura de novela

Soy los alrededores de una ciudad que no existe, el comentario prolijo a un libro que no se ha escrito. No soy nadie, nadie. No sé sentir, no sé pensar, no sé querer. Soy una figura de novela por escribir, que pasa aérea, y desecha sin haber sido, entre los sueños de quien no supo completarme.

Pienso siempre, siento siempre; pero mi pensamiento no contiene raciocinios, mi emoción no contiene emociones. Estoy cayendo, desde la trampa de allí arriba, por todo el espacio infinito, en una caída sin dirección y vacía.

Fernando Pessoa. Libro del desasosiego

jueves, 17 de junio de 2010

la proximidad produce vértigo

El colchón crujía
y la respiración
se entrecortaba
por el frío
y por el movimiento
traqueteo de tus vértebras
y mis manos
sujetándote las piernas

domingo, 13 de junio de 2010

castillos de cartón

Qué cabrón eres, pensé para mí misma, pero qué cabrón, y al pensarlo me reía, me alegraba por dentro.

Mimábamos el tiempo, lo sosteníamos con dedos temerosos, forrados de algodón, y caminábamos de puntillas sobre el misterio de nuestra antigua inconsciencia para no molestarla, para no despertarla, para dejarla dormir. Entonces la vida volvía a ser buena, volvía a ser fácil, una cama grande, un balcón soleado... el humo del hachís, el ruido de los besos, de la risa.


Almudena.Grandes

martes, 8 de junio de 2010

la física de las relaciones interpersonales

No se encontraban, no, nuestras manos no se encontraban. Las parejas suelen acariciar las mesas con sus manos mientras se retuercen en caricias, las nuestras no. Eso querría decir algo, pensaba yo mientras me tocabas el muslo y a la vez pensaba en él, no en ti, pensaba en él porque mis manos se retorcían como se retorcía mi cuerpo cuando él me tocaba el muslo como lo hacías tú en ese mismo momento, sin embargo contigo no me retorcía, contigo no, porque contigo no sentía nada.

A ti te gustaba el café soluble yo no lo soportaba, no entendías la diferencia entre el buen café molido y el café soluble; como nunca entendiste la diferencia entre un agua de colonia y un perfume. El caso es que yo quería recibir perfumes pero tú solo me regalabas aguas de colonia y me invitabas a tu casa para beber café soluble... la importancia recae en los pequeños detalles, los pequeños detalles son los que me iba guardando en el bolsillo de la chaqueta a rayas que él me regaló, la chaqueta que sacaba para pasear los días soleados, pero esos pequeños detalles los sacaba del bolsillo cada vez que salía con él a pasear por la ciudad, era mejor no dejar rastro, era mejor que él no supiese de tu existencia, era mejor que los tres no existiésemos o coincidiésemos en el mismo espacio-tiempo.

Nunca conseguiré descifrar las múltiples incógnitas que albergan mi cabeza. Cada vez que intento manejar el espacio-tiempo, fracaso. Debe ser que hago mal las cuentas o que no uso las ecuaciones adecuadas... el caso es que no soy capaz de ordenar tanta numerología, tanto sentido metafísico en una mente tan pequeña y recatada que pertenece a una licenciatura de letras, como la tuya pero no la de él. Yo compartía contigo letras, calidez, profundidad, sencillez, cosas que en el fondo se quedaban, llenando el hueco que tenía reservado para ti. Con él era distinto, con él compartía números, riesgo, altura, acción, con él compartía todo lo que no quería compartir contigo y cuando se me entumecían los pies pensaba que porqué solo lo hacía con él y no contigo... por qué no contigo... pero eso no me lo preguntaba cuando coincidía contigo en el espacio-tiempo, a estas cosas me refiero con que no conseguiré descifrar nunca ciertas leyes lógicas...

El caso es que hubo días en los que yo quería que tú pasases al otro lado, pero te quedaste ahí, como siempre, correcto, diplomáticamente correcto, joder, para eso eres de letras, pero creéme que yo solo quería que por un instante tú te pasases de la raya y no utilizases tus manos para abrazarme, que las usases para desnudarme y entonces, suplantar la identidad de él por un breve lapso de tiempo, porque pensé que solo era cuestión de llegar a la otra orilla, al otro terreno que guardaba dentro de mi reservado para él, que entrases y lo conquistases, pues una vez dentro, sabía, que nunca lo abandonarías y no tendría que seguir borrando rastros ni seguir estrujándome los sesos intentando descifrar ciertas fórmulas complejas del espacio-tiempo.

tuberías

No soportaba el ruido de la cisterna estropeada.
Perdíamos mililitros de agua por minutos y la sensación de pérdida es algo que no asimilo demasiado bien...

En el agua perdida flotaban mi esperanza y paciencia,

me diluyo por las tuberías de esta ciudad...

sábado, 5 de junio de 2010

re.construcción

Y no dejo de torturarme con un despliegue infinito de escenarios hipotéticos, sintiéndome perdida desconsolada o furiosa o patética, o un potente combinado de todos estos. La autocompasión me corroe las venas... Me quema las entrañas, y me sudan las manos. Me invade la desolación, oscura y viciosa como el petróleo. Intento controlarme, pero la conciencia es demasiado eléctrica y se extiende por todo mi cuerpo a la velocidad de la luz, no hay manera de apagarla.

Y ya estoy cansada de aparentar, de aparentar que estoy bien, porque me automutilo con cada sonrisa forzada, apunto el arma contra mi misma a cada movimiento controlado. Lo cual me provoca claustrofobia y pánico, y quiero salir corriendo de allí. Y llorar, llorar hasta el delirio. Sin embargo me quedo ahí, sentada, con mi tormenta de mierda interna mientras mi sonrisa se extiende como un incendio por la extensa pradera de mi rostro.

Solo estoy trantando de re.construirme
solo eso
o todo eso





estaré contigo aunque no esté

lunes, 31 de mayo de 2010

in.finito

Era como una montaña rusa enorme, tan grande que nunca llegaba el final de vuelta, notabas el movimiento, continuo, intermitente en cuanto a velocidad pero nunca vislumbrabas la meta, era un continuo de subidas y bajadas, apenas había loopings ni nada que se le pareciese, solo subías y bajabas, pero nunca llegabas a tocar fondo... quizás ese era el problema. Dicen los economistas que en todos los procesos económicos, interpersonales e incluso personales, es necesario llegar al límite, tocar fondo, bancarrota, default; para rehacerse, para poder empezar de nuevo sin lastres a la espalda.

Ese era el problema, no había esa oportunidad, cada vez que iniciabas una subida eras preso de la inercia y sabías que poco después comenzarías a descender sin poder pisar el freno... el recorrido se convierte en un verdadero campo de minas y nunca sabes cuándo vas a pisar un recuerdo latente y reventarte las piernas...

Desde pequeña tengo miedo a las montañas rusas, pero aún más cuando el recorrido parece interminable, inconstante, incontrolable, indescriptible, indescifrable, inagotable, inextinguible, infinito...

miércoles, 26 de mayo de 2010

neurosis

Neurosis, alteración mental que no afecta a las funciones esenciales de la personalidad y de la que el sujeto es dolorosamente consciente. Los problemas fóbicos (agorafobia, por ejemplo), los estados ansiosos (pánico, obsesiones, etc) y la histeria son las principales neurosis. Muy corrientes, los estados neuróticos presentan unos rasgos comunes: el neurótico se siente mal, le falta seguridad en su papel social; es agresivo con los otros (ironía) o consigo mismo (tentativa de suicidio); presenta alteraciones del sueño (insomnio o hipersomnia), de la sexualidad (frigidez o impotencia, continencia sistemática o masturbación) y parece exageradamente fatigable. Su verdadero agotamiento es consecuencia de los esfuerzos inconscientes que hace para luchar contra sus pulsiones sexuales y agresivas. Todos sus síntomas neuróticos son, en definitiva, la expresión simbólica del drama interior del que él es el centro y que es incapaz de dominar, pues los elementos esenciales escapan a su conciencia clara. La neurosis, que puede ser desencadenada por un shock emocional (bombardeo, duelo, fracaso escolar...), dificultades materiales o surmenage, raramente es considerada por el entorno del individuo como una verdadera enfermedad. Los allegados e incluso algunos médicos no comprenden esta afectación mental, que no tiene causa orgánica conocida; incluso el sujeto que la sufre ignora las razones de su malestar y su angustia, el neurótico conserva la conciencia de su estado mórbido, la conducta puede estar seriamente afectada, pero la personalidad no está desorganizada...

sábado, 22 de mayo de 2010

¿qué esperabas de todo esto?

Yo me deshago entre promesas que no llevan más allá de cuatro centímetros cuadrados de celulosa almacenados en el cuarto de cerveza que dejas sobre la esquina de la mesa. ¿Qué esperabas de todo esto? El tiempo pasa, pasan las horas y hace horas que me empeño en detener el tiempo mientras tú calculas los logaritmos necesarios para cuadrar la matriz de la ecuación diferencial correspondiente para manejar el tiempo y adelantarlo para ver en qué nos convertiremos dentro de unos meses. Yo tengo miedo al paso del tiempo por eso solo te miro y no articulo palabra alguna, tú estás acostumbrado a esa reacción por mi parte, yo, no me acostumbro a escucharte todo ese trabalenguas en forma de aventura que relata tu vida, y de vez en cuando la solapas con la mía e intentas hacer una aventura en forma de historia común y propia.

¿Qué esperabas de todo esto? Quizás yo estaba inmóvil, muda, al otro lado de la mesa, pero créeme que no me mantenía inerte y mucho menos parada. Por dentro estaba corriendo a velocidad vertiginosa, de hecho estaba haciendo más kilómetros de los que mi capacidad atencional era capaz de procesar y almacenar en mi memoria a largo plazo... tú, ajeno a mis viajes por el interior de vez en cuando entras en contacto con mi cuerpo para asegurarte que sigo estando allí... pero, ¿qué esperabas de todo esto?

Yo no sé lo que esperaba, aún me lo pregunto a ratos, esos ratos en los que vuelvo a salir por la puerta de atrás corriendo, ya sabes, cuesta abajo soy capaz de coger mucha velocidad, y más si voy con zapatos planos... pero la cuestión es que las ideas parecen más claras cuando el aire me despeja la frente, eso sucede cuando voy corriendo. Tú dices que te gusta mi flequillo, yo te digo que no soporto más cosas entorpeciéndome las vistas, que contigo, cuando me abrazas, ya tengo suficiente. El caso es que a ratos echo a correr y aún no vislumbro el próximo cruce de caminos pero ya estoy dudando si coger el camino de la izquierda o el de la derecha... Pero tú no sabes nada de esto, supongo que tampoco te lo esperas, pero no lo puedo asegurar porque aún no me respondiste, así que dime, ¿qué espera(ba)s de todo esto?

viernes, 7 de mayo de 2010

cree y crea arte

Recuerdo aquel verano, recuerdo la casa de la playa de tus padres pero sin tus padres. Recuerdo el calor y la humedad que se filtraba por las grietas que adornaban las paredes.

Te recuerdo a ti, todas las mañanas, semidesnudo y tocando el piano; no recuerdo mañana en la que no me despertase con unos cuantos acordes...

Recuerdo tu espalda desnuda, los dedos moviéndose rápidamente acariciando cada una de las teclas y el lápiz, recuerdo tu Faber Castle reposando entre tus labios, siempre dispuesto para diseñar nuevos pentagramas armónicos para mis oídos.

Recuerdo las tardes en la playa, yo no paraba de leer y de escribir, tú gastabas tu lapicero en tu cuaderno de pentagramas. Apenas nos dirigíamos palabras, pero nunca faltó la comunicación entre nosotros, yo escribía, dibujaba letras, tú notas musicales.

No compartíamos el mismo idioma, no solo en el papel, tú nunca aprendiste a pronunciar la R, yo nunca aprenderé a pronunciar la LL.

Recuerdo las horas en las que las teclas no emitían sonido alguno; eran las horas en las que tus manos se reservaban para mi cuerpo, sabías qué rincón de mi cuerpo debías tocar para hacerme vibrar, sí, lo sabías... Lo sabías, por eso una vez convertiste mi cuerpo en un sinfín de pentagramas y lo memorizaste hasta hacerlo tuyo, lo recuerdo, porque fue el primer día que empezaste a hablar con la R; yo, por mi parte, intentaba dominar la LL; pero fue entonces, por un minuto, cuando comprendí que el idioma y la dicción habían sido inventados para otra clase de personas, comprendí que nos entendíamos mejor entre acordes y sonetos, comprendí que lo nuestro había sido creado para ser unido por la música y la poesía... que quizás, al fin y al cabo, solo estábamos juntos para poder crear arte, no para re_crear_nos.

jueves, 6 de mayo de 2010

pequeña ciudad de grandes cosas

Soy adicta a los círculos, a circular por las calles de la ciudad, que no es grande ni pequeña, pero contiene cosas grandes y pequeñas. Pequeño se queda el resto del mundo ahora, que camino en un círculo con un radio tan limitado que comienzo a estar atrapada. No consigo estirar los brazos y mis zancadas son demasiado pequeñas, limitadas, no por culpa de la falda estrecha, esas cosas ya no se llevan...

Siento que no puedo sellar pactos, siento, que no soy capaz de llenar vasos porque no puedo llevarlos a mi boca sin que se desborden y pierdan parte de su elixir.

Siento que es más fácil sentir a la gente cuando está lejos. Cuando están cerca, demasiado cerca, no se suelen utilizar muchas palabras, los labios sirven para otras cosas. Nos acostumbramos a la distancia imperceptible y entonces no aparece en nosotros el sentimiento de nostalgia que se siente cuando una persona está lejos, tan lejos, que aunque estires los brazos, las yemas de tus dedos no atisban su presencia...

Solo me persigue tu sombra porque tú hace un tiempo que has desaparecido o escondido, pero hace tiempo que no te encuentro y me pregunto si tú piensas lo mismo sobre mí, si me estarás buscando por algún lugar de esta ciudad que no es grande ni pequeña, pero contiene cosas grandes y pequeñas... como nosotros, como lo nuestro.

Pequeño se queda el resto del mundo cuando entras en mi órbita estacionaria que describe una trayectoria circular y a ratos se vuelve elíptica por culpa de las fluctuaciones del estado de ánimo; pequeño se queda el resto del mundo cuando eso sucede y enorme se hace la distancia que me separa de ti ahora...

Demasiada distancia y aún así es tremendamente difícil sentirte. La teoría se descompone en pequeños fragmentos con pilares frágiles que se mecen por culpa del viento y la lluvia, ¿qué lluvia? la que hay dentro de mi propia órbita estacionaria justo cuando el verano amenaza con su inminente llegada.

miércoles, 5 de mayo de 2010

nada bombea en el vacío

Es triste que los futuros recuerdos vibren incesantes y evaluativos diciendo si quieren formar parte del presente para, a la larga, poder transformarse en pasado; o si simplemente es el espacio-tiempo el que los lleva al olvido cayendo en un agujero donde nadie jamás nunca los verá y perderán así todo su sentido no habiendo sido vividos...

Es sencillamente espeluznante esta espera en la N.A.D.A asumiendo que tu vida no es manejada por tu mente, sino por ese maldito músculo que dice que B.O.M.B.E.A y que te aparta (o al menos eso pretende) de ese arrollador V.A.C.Í.O que nubla el que sé yo o el yo que sé...

domingo, 2 de mayo de 2010

¿te acuerdas?

¿Te acuerdas? No, parece que no te acuerdas, borraste los recuerdos que construimos entre los dos, los borraste como borraba el mar nuestros mensajes y nos amenazaba con seguir haciéndolo si seguíamos moviendo la arena.

No te acuerdas, ¿tampoco te acuerdas de ellos? No, no te acuerdas, no te preocupes, hace tiempo que no los ves y aunque parezca mentira han cambiado demasiado... fíjate qué pelos lleva él ahora; ¿sabes? ya no es el mismo, por mucho que lo intente, no ha vuelto a ser el mismo desde que ella lo abandonó. ¿Te has fijado en ella? Bueno, supongo que no percibes la diferencia porque no recuerdas cómo era antes... pues verás, ahora está más guapa, si cabe, que antes, te lo prometo, que yo nunca te he mentido, que contigo no me salen esas cosas, pero supongo que de eso tampoco te acuerdas.


¿Te acuerdas de este lugar? No, tampoco recuerdas los viajes ni nada de eso... bueno, no te preocupes, no pasa nada, si quieres te cuento la historia de nuestra vida mientras ojeamos unas cuantas fotografías, ¿quieres? ¿Tampoco recuerdas cómo se dice SI y NO? No te preocupes, de todas formas te enseño unas cuantas fotografías y si te aburres o te aburro lo dejamos...

Mira, este es tu coche, tu casa, este eres tú hace unos cuantos veranos y ésta que está sentada a tu lado soy yo, mira, aquí llevaba puesto el vestido que tanto te gustaba... Esta es tu playa favorita y este tu traje de buceo, porque te encanta bucear, imagino tampoco recuerdas eso, no te preocupes, un día de estos te llevo en mi coche a esa playa y si quieres buceamos un rato, a lo mejor así consigues recordar algo, ¿te apetece?

Perdón, no recordaba que no sabías cómo contestar... los fallos de la memoria afectan a cualquiera...

jueves, 29 de abril de 2010

Amnesia

He olvidado que soy Amnésico

¿Te imaginas tus sesos en una jaula de huesos?

Dibujar un vacío para hacer el mapa de la Historia.

A veces te encuentras a ti mismo como un Joker tatuando la palabra "Yo" en la piel de un camaleón.

He perdido mis guantes; afortunadamente mis huellas estaban dentro.

Si digo "espectáculo", siempre pienso "espectráculo".

Cualquier frase completa no deja de ser tan estúpida como la vida misma.

Yo somos gemelos.

Para un gemelo la Historia es amnesia, para el otro el presente es dislexia.

Un gemelo se puso en pie, el otro "hacía el pino"; así descubrieron el sexo: ¿Descubrir similitudes es encontrar diferencias? Y así continuaron para evitar la caída de su más suprema aspiración: ser ángeles.

El lenguaje engaña, es tan preciso que se nos ofrece como la última esperanza para construir mentiras.

Las páginas del Diccionario: ¿laberinto?... ¿máscara?... ¿la piel de un camaleón?

Sólo aquellos miserables que convirtieron los nombres en promesas lograron pudrir los cimientos de la Torre de las Palabras.

La única fe que me mueve es la de erratas.

En la jaula descubrí un Joker sin cara que fabricaba máscaras de piel de camaleón. Allí descubrí lo cerca que el Arte esta de un oráculo.

El camaleón me enseñó que el reto de la memoria es recordar todo aquello que no se conoce.

El Joker dijo: "La verdad es un error irrefutable".

Cada gran obra de Arte, más que anticiparse a su tiempo, lo concluye. Por eso termina en museos.

El verbo ser, una paradoja del azar.

Las obras de Arte deberían llevar escrita la Fecha de Caducidad. Pinto para no olvidar todo aquello que el Arte me impide recordar.

Y Dios creó el Tiempo mirando un espejo retrovisor.

El sentido de la vida... Esa resaca de pronombres de la que no queremos ser conscientes.

La vida imita; es el doble del lenguaje.

Ese reloj imparable, esa máscara silenciosa del cambio...

Yo no hablo, tan sólo soy un gran imitador de ecos.

¡Por favor, más sombras! Quiero ver la luz de las palabras.

El reloj, guillotina de pulsera; la brújula, silla eléctrica de bolsillo.

Haz que el tiempo dure; esto tal vez sea Arte.

Y al séptimo día Dios descansó creando la Amnesia.



Cobo, Chema. Amnesia.


martes, 27 de abril de 2010

Tu príncipe azul es el 37º

Recitado el lunes 26 abril en Micro Abierto

Desde que nacemos consumimos amor, lo consumimos directa o indirectamente y después de todo muchos de nosotros nos mostramos escépticos ante su verdadera existencia. Una parte imprescindible del amor es el desamor, y el que no lo viva está muerto, decía el otro día mi abuelo echándome en cara que ya tenía una edad, que tenía que empezar a buscar novio, que me quedaría para vestir santos y se me pasaría el arroz... A lo que yo respondí: Abuelo, ¡que solo tengo 22 años! Y él, con cara escéptica me dijo: ¿sólo? ¿te parecen pocos? A tu edad tu abuela se había casado conmigo, vivíamos en nuestra propia casa y teníamos dos hijos... Yo le trataba de explicar que los tiempos habían cambiado, que las cosas no son como antes, y entonces él me dijo que no le explicase esas cosas de internet, que él no las entendía, que los novios ya no son como antes porque ya no hay bailes donde conocerlos, ahora solo hay discotecas donde la gente no habla y el "chunda-chunda" ese nos está aplanando el cerebro. Sentenció su exposición con un "hija, tienes que encontrar novio pronto, pero que sea buen hombre, tampoco te juntes con cualquiera".

Entonces ante tanta acusación, me decidí a trazar un plan perfecto para encontrar novio, o el príncipe azul como dirían otros. En ese intento de trazar mi plan perfecto me topé con el teorema de un psicólogo japonés llamado Kanazawa que se podría resumir en una frase: TU PRÍNCIPE AZUL ES EL 37º. El truco del teorema recae en rechazar a los suficientes candidatos.

El teorema dice lo siguiente: "En cualquier proceso de selección hace falta rechazar al 37% de los primeros candidatos y luego quedarse con el siguiente que sea mejor que todos ellos". Es decir, que si rechazamos al 37% tenemos un 37% más de probabilidad de encontrar a nuestro verdadero príncipe azul, o lo que es lo mismo, no confundirnos en nuestra elección final.

Continué buscando más información sobre esta teoría porque había algunos puntos que no me acaban de convencer pero decidí no descartarla, hasta ahora era lo único que me daba esperanzas de poder encontrar un buen chico con el que compartir mi vida. Bien, pues pude comprobar cómo este teorema tenía sus propias reglas, una de ellas : "No vale ir de candidato en candidato esperando a tu príncipe. No vale que les cuelgues el teléfono o borres sus mensajes, tienes que salir con ellos, hablar, conocerlos al fin y al cabo".

En definitiva, esta teoría se basaba en la selección natural, en el darwinismo más puro, así que quienes la usen tendrán más éxito reproductivo que quienes se casen con el primero que encuentren o rechacen solo al primer 5%, o en su defecto al 90%. Esto me dio más esperanzas, pensé que quizás el proceso de selección fuese largo y costoso, pero que tenía garantías de que la elección fuese buena, y si hay algo a lo que todos tememos es a tomar una mala elección.

Al unir todos los puntos que había ido trazando, me di cuenta de que esta teoría era fácil aplicarla en ámbitos rurales o pueblos pequeños, es decir, que en un pueblo pequeño, pongamos que conoces a 10 maridos en potencia, pues bien, de esos rechazas a los cuatro primeros y te quedas con el quinto, fin del proceso. En las ciudades las cosas cambian, no es tan fácil como parece, matemáticamente las cosas se complican y se convierte en un proceso difícil, agotador y consume demasiado tiempo. Pero yo quería hacerme un aligera idea de a qué equivaldría ese demasiado en cifras, así que poniendo en práctica la teoría del Solterón Secuencial eché cuentas: una semana tiene 7 días... bien, el tiempo dedicado a encontrar a un buen candidato y proponerle una cita me llevaría una media de 3 días; es decir, podría desechar a dos candidatos por semana. En esta ciudad de unos 156000 habitantes, aproximadamente 75000 serán hombres, de los cuales, me quedarían unos 5000 posibles maridos, es decir, 5000 hombres, a una media de 2 hombres por semana, 2500 semanas, a 52 semanas por año, serían un total de 48 años, teniendo en cuenta que tengo 22 años, sí, definitivamente, mi abuelo tenía razón, se me pasa el arroz.

Además, me di cuenta de que en mi intento de conocer a 5000 posibles maridos, me habría convertido en lo comúnmente denominado como "putón verbenero" algo que no entraba en mis planes a corto plazo.

La teoría acabó con mi plan perfecto para buscar el amor pero además, por contradictorio que parezca, también con mi escepticismo acerca de la existencia del mismo, creía y quería buscar el amor pero pensé que quizás eran más válidas todas esas teorías infundadas o clichés como: "Esas cosas no se buscan, vienen solas". Así que me subí en el autobús urbano que recorre la línea 3, una de las líneas más largas de la ciudad, porque pensé que quizás, en la siguiente parada se subiría en ese mismo autobús el amor de mi vida, y llegaría así, sin criterios estadísticos ni matemáticos, simplemente de repente, sin buscarlo.

viernes, 16 de abril de 2010

No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mi y a través de mi. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo.
Frank Herbert

Podía leerte incluso con los ojos cerrados, me sabía tus textos de memoria, tus historias me las sabía de memoria; sabía cómo ocurrieron en realidad y qué partes del relato eran inventiva propia; porque ya conocía tu forma de mentir, tu forma de arrugar la nariz cuando intentas mentir, mejor dicho, porque nunca aprendiste a mentir, por eso de la culpa y la vorágine de sensaciones desagradables que se acumulaban alrededor de tu estómago cada vez que intentabas mentir(me).

Yo conocía perfectamente tu anatomía, tu cuerpo, sabía cómo formar una secuencia de caricias que se detenían justo antes de llegar a tu ombligo, evitando así tu erección. Yo sabía que no podía detenerme jugando con ciertas partes de tu torso, así que solo recorría suavemente tu pecho con mis dedos firmes, torpes y fríos. Lo hacía con cuidado, para no despertar a la bestia que llevabas dentro, yo nunca fui de guerras y ahora solo pretendía mantener la paz en este reino.

Sabía perfectamente que tú removías el café en sentido contrario al avance de las agujas del reloj. Nadie suele hacerlo así. Me gustaba observar cómo bebías café. Prefería que bebieses café a que pidieses otra copa en el penúltimo bar que quedaba abierto cada noche en el centro de la ciudad.

El café no te excita, no te pone nervioso ni agresivo, las copas son otro cuento... Gracias a las copas un día me amenazaste con escupirme, cogiéndome fuertemente del brazo derecho mientras yo te amenazaba con atropellarte con mi coche si lo hacías. Tú sonreías, yo te miraba fijamente, "a mi no me amenaces, ¿me has oído? te dije. Tú seguramente no lo escuchaste, las copas también te hacen perder gran parte de tu capacidad atencional, así que te agarré con la mano derecha la cara y zarandeé tu cabeza de un lado a otro hincando mis dedos debajo de tus pómulos, "¿me has entendido?" te repetí alzando la voz. "No seas pesada" contestaste desde una valiente posición de copiloto... Bajé del coche, enfadada, dejando la paciencia en el maletero, porque esa noche no quería gastarla contigo. A cada paso enfurecía un poco más. Abrí la puerta del copiloto "baja ahora mismo".

Te tropezaste al salir del coche, yo permanecía allí, erguida, seria, enfadada, impasible ante tu caída. Al levantarte tus ojos se encontraron con los míos y comenzaste a gritarme: "Estás loca, psicóloga de mierda, estás loca". Te abofeteé y me di media vuelta, subí en el coche, giré la llave y mientras el coche rugía yo me deshacía en lágrimas.

No lloraba por haberte abofeteado, lloraba porque por un instante me había convertido en la parte de ti que más temía, en esa parte agresiva e irracional que trataba de mantener alejada de mí... YO me había convertido en esa parte.

Yo, que te conocía tanto que a veces te temía, te temía... porque, en definitiva, había empezado a temerme a mí misma.

jueves, 15 de abril de 2010

labios marchitos

solo quedan los restos de aquellos besos



Él escribe historias y no sabe qué es la vida, él siempre me cuenta historias para que yo crea en la vida, en su vida, definitivamente, para que crea en él... Él, que a ratos me quiere y a ratos me odia, me pide que crea en su vida y en la mía como un conjunto con identidad propia e individual, como si en realidad fuésemos un número impar... yo me mantengo impasible, sin arrugar la frente, callada, muda; en el fondo del salón.

Él sigue teorizando y de vez en cuando se permite el gesto de percatarse de mi presencia y me hace notar de nuevo la diferencia entre ambos colocándose siempre cuatro pasos delante de mí con un: "¿me entiendes?", como si mi capacidad intelectual fuese tan limitada que fuese incapaz de descifrar el castellano de la mano de un inepto que comete faltas de ortografía mientras se tatúa en la piel historias que no son ciertas más que en su mente, que es tan limitada como el propio dueño.

Yo me mantengo callada en el sillón del fondo de la sala, yo mastico chicle y de vez en cuando lo hago con la boca abierta para que note que también sé ser maleducada, abro la boca para que atisbe mi saliva y le invito con mi lengua a pasearse entre mis dientes, solo si él quiere, con el fin de que se calle, no me apetece escucharle más, no me apetece fingir que le admiro durante más tiempo, no me apetece mantener los ojos abiertos, "cállate y bésame" le digo mientras me levanto y me acerco a su cara y su boca, cierro los ojos, ya no le veo, él me besa, yo le beso y entonces mi cuerpo se vuelve (más) frío, como cada vez que me besa o me toca, frío porque cada vez que le beso me vacío y me muero un poco más por dentro.

Así es como me suicido entre sus brazos... Él no se percata de que tiene entre sus brazos un cuerpo sin vida, porque después de todo, está acostumbrado a besar labios muertos, sin vida... mis labios.

martes, 13 de abril de 2010

catarsis

Tú te empeñas en hacer catarsis, "catarsis para qué" te digo yo, si siempre acabamos en las mismas, en tablas, ninguno de los dos gana nada y me quedo igual...

Igual... igual de vacía, como cuando me tumbo en tu cama, me siento vacía, como cuando me siento en tu sofá, me siento vacía, como después de compartir mesa en el restaurante de la esquina, me siento vacía... dime, para qué coño quieres que haga catarsis, si tú no entiendes mis palabras, para qué quieres que haga catarsis literaria, si no eres capaz de entender mi letra, dime, PARA QUÉ QUIERES QUE HAGA CATARSIS, si estoy vacía por dentro y me sobran los minutos de silencio para llenarlos de versos, como me sobran las hojas en blanco y la tinta de la pluma que me regalaste por nuestro tercer aniversario...

Lo siento pero no voy a hacer catarsis...

Puedes abrirme en canal, acabar con todo esto, después puedes hacerme la autopsia; cariño, no es necesario tener pulso de cirujano para hacer autopsias, así que puedes hacerme la autopsia y entonces comprobarás que no te mentía, que no tenía ni tengo nada que ofrecerte... que estoy vacía por dentro.

sábado, 3 de abril de 2010

pre-post-pri-mavera

Ahora,
primavera,

dime para qué sirves,
y para quién sirves.
Pablo Neruda


Yo tenía ganas de escribir(te) la primavera,
pero parece que la primavera se extingue y se pierde entre nuestras manos, como el agua de lluvia, que no somos capaces de almacenar más que unos limitados centímetros cúbicos de gotas y pensamos que es un tesoro entre nuestras manos, ¿pero qué va a ser un tesoro si yo quería primavera y sol y ahora solo tengo la segunda parte del otoño y lluvia?

Entonces pienso que si caminamos rápido, tan rápido que casi podríamos estar corriendo, podremos adelantarnos a la llegada de la verdadera primavera.

Mi estado emocional depende del exterior, la lluvia lo perturba tanto que en ocasiones consigue que llueva, no solo por fuera, también por dentro, de tal modo que en ocasiones hago señales de socorro porque temo ahogarme.

El sol lo activa tanto que es imposible dejar de iluminar ese rincón que hicimos nuestro.

Nunca me prepararon para vivir doblemente el invierno, otoño y frío porque soy un animal de sangre caliente... Lo único que me salva ahora mismo es que aunque fuera hace frío, hace días o semanas que mi sangre está cercana al punto de ebullición.

La primavera se instaló en el interior.

jueves, 1 de abril de 2010

más Dostoyevski y menos Prozac

Yo lo prefería a él... me gustaba sentarme y trazar líneas paralelas con mi dedo índice, para no perder ni uno solo de los detalles que narraba con suma precisión, entonces a veces, lloraba, de impotencia quizás. No era capaz de entender nada de esas contradicciones de las que él hablaba y me lo imaginaba mirándome con cara de indignación, como el que mira a otro necio por no entender sus palabras y maldice la falta de léxico o cultura para lograr la comprensión total de su exposición... Yo me lo imaginaba así, años atrás, mirándome con esa cara, con ese remordimiento en el estómago que no le permitía otra cosa que querer escupirme, desde lo alto...

Pero aún así, yo lo prefería a él, con sus teorías del inconsciente y su explicación fría del amor, un amor, pensaba yo, frío porque en Rusia no puede ser de otra manera, y entonces le compadecía, a él, sí, el mismo que quería escupirme en la cara y aún así le compadecía, pero al mismo tiempo lo devoraba cuando aún no sabía que la boca tenía múltiples funciones, funciones desconocidas para gran parte de la población...

Entonces entraba ella y me decía: "¿Otra vez con esas?¡Deja de una vez esos libros y lee cosas con sentido, toma anda!" Alargaba su mano y me dejaba sobre las piernas los poemas de Neruda...

Y yo, que lo prefería a él y que no creía en el amor, al menos no ese amor que ardía en mis rodillas... yo, me quedaba fría por dentro... con Pablo en la mesita de noche y Fiódor bajo la almohada.

lunes, 29 de marzo de 2010

desconfianza ciega

Te dije que debíamos dejar la carretera principal en la segunda salida a la derecha. Tú ignoraste eso de segunda, no me hiciste caso así que continuamos por la carretera hasta que, después de agotar mi paciencia y cansancio a base de vociferarte que nos habíamos pasado la salida, que no llegaríamos a tiempo, que no tenía cobertura para avisar de nuestro retraso, que porqué nunca me escuchas cuando te hablo, después de todo eso, pusiste mi disco favorito en el coche, creo que era porque te sentías culpable, tan culpable de mi inestabilidad emocional momentánea que iniciaste una secuencia de pasos firmes con el único propósito de hacerme y hacerte sentir bien en ese diminuto espacio que era tu coche.

¿Y ahora qué vamos a hacer? te preguntaba con tono más calmado. Tú solo respondías que no sabías, que era cuestión de tiempo el encontrar otra salida, que confiase en ti.

Que confiase en ti... eso sí que resulta gracioso después de descubrir cómo tú no confiabas en mi ni en mi capacidad de dirigirte en la carretera, así que comencé a preguntarme internamente si realmente debería confiar en ti, si callarme y dejar que tú y tu coche me llevaseis de vuelta a la realidad era la mejor solución. De momento me decidí por ponerme las gafas de sol para camuflarme ante tus ojos e intentaba ahogar mis pupilas en la impotencia y en la rabia de no saber qué hacer, ni si confiar en ti o tirar del absurdo mecanismo que abría la puerta del copiloto y dejarme rodar por la carretera, sola.

Entonces empezaste a preguntar si realmente no confiaba en ti, yo no contestaba, me hacía la dormida, tocabas mi muslo izquierdo y me preguntabas si no confiaba en ti elevando ligeramente el tono de voz; "joder, ¿eres gilipollas o sorda, por qué no me contestas?" gritaste mientras me deshacía de mis gafas de sol.

Yo te respondí al estilo gallego con un: "¿acaso tú confías en mi?"

Tú empezaste a justificar tu supuesta confianza a través de nuestro viaje a Roma, decías que todo eso ya estaba superado, que sabías que nos habíamos vuelto a amar el día que te besé, después de tres meses, a los pies de Trevi, luego recordabas cómo te agarraba la mano al cruzar los pasos de peatones; cómo me dejaba retirar el flequillo de los ojos mientras empapábamos nuestros cuerpos al sol en las escaleras de la Piazza di Spagna y cómo mi rostro aparecía radiante y rebosante de felicidad en todas y cada una de las fotos que nos hicimos en el Vaticano.

Entonces yo ante tal discurso, respondí de nuevo con otra pregunta: "Si confiabas en mi, ¿por qué no pasamos esos días en Florencia que era lo que yo sugerí antes de comprar los billetes?"

Tú decías que eso nunca ocurrió, que era mentira, volvías a reprocharme mi (supuesto) problema de memoria, yo pensaba que qué sabrías tú de los mecanismos de la memoria y, con la cara empapada y una mano sobra la que dejabas reposar en el cambio de marchas, clavé mi mirada en tu perfil derecho, tu mejor perfil, porque eras uno de esos chicos que solo son guapos dependiendo del ángulo con el que se le mire... Yo callaba, te miraba, pestañeaba, te miraba, seguía mirándote... Solo buscaba esa reciprocidad, una mirada cómplice.

Entonces tus ojos se encontraron con los míos y dijiste en tono chulesco: "¿qué?"

Instantes después mi cuerpo rodaba por la carretera, solo...

viernes, 26 de marzo de 2010

(in)descriptible

Yo no sabría describirte con palabras
tampoco serían suficientes
unos trazos a carboncillo
yo
que nado sin dificultades entre
la retórica y la lógica

que entiendes de plexos coroideos y carótidas internas
dime
cómo separar esta masa homogénea
cómo delimitar nuestras propias sombras
porque a mi
nunca se me dio demasiado bien
eso de hablar de mí misma

viernes, 19 de marzo de 2010

escucha no activa

Decías que la rutina y la monotonía de los días te estaba matando y me lo decías con un tono de culpabilización, queriéndome hacer responsable de toda esa maraña de sentimientos y sensaciones que albergaban tu delgada anatomía. Yo, solo escuchaba, te escuchaba atentamente, sin ganas de entrar en ese tema de conversación; y lo hacía por eso del contrato de compartir lo bueno y lo malo etecé etecé, que firmamos en el ayuntamiento de esa ciudad a la que nunca volvimos.

Decías que no podíamos seguir así, que porqué no nos habíamos mudado de casa hacía unos años y que porqué no compramos un perro en vez de aquellas diminutas medusas de pecera que adornaban la esquina del salón. Yo te escuchaba, te escuchaba atentamente, pero no te respondía, no te recordaba lo de mi fobia a los perros, pensé que tu memoria no estaba a pleno rendimiento, pero no te recordaba nada porque no quería seguir con esa conversación.

Poco después de desmontar gran parte de nuestras rutinas que conformaban nuestra vida diaria, llegaste al jardín y me preguntaste que porqué no plantamos un olivo de esos antiguos en vez de ese acebo, que las bolas rojas ya no son de temporada pero siguen perennes aguantando el calor de la primavera, y yo, seguía escuchando atentamente tu discurso, pero no te decía que fuiste tú el que se empeñó en comprar ese acebo en un intento de devolverme el espíritu navideño que perdí en mi infancia y que hiciste eso como un enorme gesto de amabilidad y de preocupación por la vuelta de mi ilusión, que decías que aquello lo hacías por mi, aunque yo prefería el olivo octogenario y el banco blanco a juego con el reverso de sus hojas; pero no te decía nada de eso porque no quería seguir con esa conversación.

Más tarde llegaron los reproches por la ausencia de viajes, la ausencia de nuevos lugares por descubrir, de mi miedo a los aviones y el fallo del motor de mi antiguo audi A3, que no entendías porqué me tuve que comprar ese coche cuando todos decíais que no llegaríamos muy lejos con ese trasto con minúsculo maletero; que no podríamos hacer grandes viajes por la falta de espacio para un gran equipaje. Entonces yo no te recordaba lo de la falta de ahorros después de tus salidas nocturnas a los clubs debido a tu adicción al sexo, y las posteriores terapias para superar tu problema y mejorar la comunicación interpersonal en la pareja; tampoco te recordaba lo de tus escarceos con las drogas y las malas compañías y mis noches insómnicas a base de tilas en el salón, con la única compañía de las medusas; pero no te decía nada de eso porque no quería seguir con el tema de conversación.

Entonces tu tono de voz y el movimiento de mi cabeza seguían una relación inversamente proporcional, cuanto más gritabas tú, más miraba al suelo yo; hasta que llegué a tus zapatos y me entretuve analizando la falta de betún en la punta de tus nuevos Gucci. Tu mano derecha se detuvo a la altura de mi cuello y me preguntaste si no tenía nada que decir, y yo, yo... yo, que había escuchado tu discurso atentamente te dije con ojos vidriosos que sí, que tenías razón en todo, me puse los pendientes Vasari que me regalaste en nuestro último aniversario, te besé y nos fuimos en mi audi A3 a la cena con los nuevos inversores.

Tú, harto de tanta monotonía, ni siquiera fuiste capaz de notar la humedad en mis ojos a punto de desbordarse y entonces supuse que eso también formaba parte de esa rutina que tanto detestabas, pero no te dije nada, porque tampoco quería seguir con ese tema de conversación.

viernes, 12 de marzo de 2010

adicción emocional

No he vuelto a tocar tu lado del sofá, no he permitido que ningún invitado se sentase en él. Se amontonan diminutas moléculas de polvo en esa parte del ridículo mueble pero aún percibo tu silueta llenando ese vacío, dando forma a ese pequeño espacio vital que ahora está desnudo, pero te prometo que no lo he tocado en todo este tiempo, como tampoco lo hice con el mando del televisor... aún guarda tu olor, el olor de las palmas de tus manos. Guarda tu olor porque en los últimos meses dedicaste mucho más tiempo a tocar esas teclas que mi cuerpo, que se te olvidó el recorrido de mis pechos hasta mi sexo en cuestión de días... por eso no lo recorrías, tenías miedo a perderte y por eso no me acompañabas a la hora de dormir, preferías quedarte abajo, en el salón, con la televisión encendida y el mando entre las manos.

No he vuelto a tocar los calcetines que dejaste olvidados en el quinto cajón de la cómoda y el primer cajón de tu mesilla de noche sigue repleto de preservativos y yo me pregunto para qué los comprabas si ni siquiera te importaba mi anatomía y no tenías otro apetito que el que se manifestaba a las 15:17, hora en la que entrabas por la puerta cuando llegabas de trabajar, y , mientras te quitabas la corbata y de nuevo, tu cuerpo se acomodaba a su propio hueco en es ese estúpido sofá; preguntabas si te había preparado la comida, con el mando entre las manos.

No he vuelto a tocar la colección de tanques de guerra que almacenabas en la estantería del salón, tampoco me he atrevido a retirarles el polvo, por si los descoloco pues tú siempre me repetías que esa tarea era cosa tuya, porque yo no sabía colocar las figuras, que no sabía colocar tus mierdas de tanques de guerra, y era entonces cuando yo te declaraba la guerra y montaba en cólera y tú la alimentabas de tal manera que acababas sentado en el sofá con media sonrisa en la cara y yo arriba, en la habitación que antes era nuestra, borrando las marcas de rimmel que se dibujaban en mis mejillas fruto de la pérdida de la batalla; y mientras tanto tú, abajo, con el mando entre las manos.

Y no he tocado nada de eso, porque a pesar de todas esas cosas te sigo echando de menos, como lo hacía cada mañana, a las 8:35, cinco minutos después de oír la puerta y el motor del coche siendo arrancando... porque yo, te quería y te sigo queriendo como quiero que vuelvas a ocupar tu posición en el salón, en el sofá, con el mando entre las manos.

miércoles, 10 de marzo de 2010

personal

Me gusta el frío
y el traqueteo que desemboca en los dientes, que tiemblan en los límites de la temperatura buscando energía cinética que se transforme en energía calórica, sí, en (nuestro) calor...
Suerte, que no están dislocados los huesos
porque ellos también iniciarían ese baile por culpa del hielo que los arropa...

Al final de la cama
los pies fríos
y una falta de sincronización de las coordenadas espacio-tiempo...

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domingo, 7 de marzo de 2010

domingo

He soñado que era el último día de verano
aún hacía calor ahí fuera
el césped te acariciaba las plantas de los pies
tus uñas roja se escondían como pequeñas mariquitas entre el verde del jardín
y él te salpicaba desde el borde de la piscina en un intento de hacerte reír

pero fíjate
de pronto es domingo
llueve
y me he quedado fuera de todo aquello
sin una puerta para volver a entrar

martes, 23 de febrero de 2010

inercia

Desciendo por tu cuerpo a la misma velocidad que lo hacen las gotas de lluvia que recorren en vertical el cristal de la ventana del fondo. Es como una carrera de fondo, pero la que gana no se lleva nada, sin embargo yo, a cada instante gano y me lo llevo todo.

Desciendo y cuando quiero volver a ese punto con inercia constante y nula, me encuentro con tus ojos catapultándome, enviándome de nuevo a lo más profundo de ti... es entonces como, sin entenderlo, me vuelvo un cuerpo inerte entre tus brazos que se entrelazan a la altura de mi espalda, ocultando los lunares que adornan mi lumbar derecho.

Mi piel transpira a través de tus poros, tus brazos parecen una nueva prolongación de mi propio cuerpo y mis pestañas un buen lugar al que agarrarte cuando tiembles, y no sea de frío... Los límites contorneados de mi cuerpo comienzan a presentarse desnudos y los vértices de tu cuerpo no rozan, acarician mis sentidos que te sienten como antes y como nunca...

Después de perder la pista a tus manos recorriendo la sombra que proyecta cada poro de mi piel, y de sellar tus dientes con mis labios, me doy cuenta de que hace un rato que dejé de sentir el límite de mi cuerpo, que nuestros cuerpos ahora forman una masa homogénea en el centro de tu reino, tu cama... epicentro de sensaciones que nos sinoniman, que nos retratan ilimitadamente en el borde del acantilado en esta ciudad sin mar.

lunes, 22 de febrero de 2010

suplementos dominicales

Nunca fuiste como los demás, de todos los suplementos dominicales, tú te quedas con el de las páginas naranjas, tú, que siempre fuiste de letras te entretienes leyendo teorías económicas que van más allá del Liberalismo y Keynesialismo.

Te gustaba desmenuzar todas esas teorías para, posteriormente, recomponerlas a través de versos, tus favoritos, los endecasílabos con rima asonante...

Coleccionas recuerdos en el vidrio de tus ojos, cuentas muchos febreros y aseguras que éste será realmente bueno por dos motivos:

El primero, porque este febrero no es bisiesto y aquí es donde aplicas ese dicho que pasa de generación en generación y que a ti te encanta recitar: "lo bueno, si es breve, dos veces bueno" y tras decirlo, afirmas solemnemente, este febrero, como no es bisiesto, es breve, por tanto, es bueno...
Yo no quiero discutir, por eso no te digo que te equivocas, que esa argumentación no es válida porque no sigue las reglas naturales de la lógica, que creas silogismos destructivos a tu paso, pero no te lo digo, porque yo, como tú, soy de letras y prefiero no entrar en el campo de la lógica.

El segundo motivo es que las páginas naranjas auguran un buen final de febrero, que la bolsa se sostiene por sus índices y yo te digo que no entiendo de bolsas ni de índices, porque soy de letras, y tú sonríes, porque crees que por unos instantes sabes más que yo, y te gusta mirarme desde arriba, pero con miradas que no dañan mis pupilas, las acarician con sonrisas.

Yo, que soy de letras, solo veo en esas páginas números y gráficas imposibles de traducir a términos inteligibles en mi mente, así que me invento que cada gráfica son trazos de recuerdos que se desgastan en números, como pueden ser frecuencias de caricias, besos, abrazos... emociones que la gente experimenta, anotadas cuantitativamente para ser traducidas a índices estadísticos y después pienso cómo sería un mundo en el que los algoritmos siempre fuesen perfectos, como el algoritmo de Euclides, un mundo en el que los límites siempre tendiesen a infinito y la asintotalidad solo existiese en un solo sentido, el horizontal, para que nos mantuviésemos constantes en un punto y nunca volver a descender, no poder llegar a tocar fondo, llegar a ese punto del no.retorno, un punto en el que la gravedad ejerce su máxima aceleración y se transforma en una fuerza que te empuja impidiendo que te puedas levantar y salir de ese hoyo...

Yo, que soñaba con un mundo en términos matemáticamente perfectos mientras tú leías la economía del Mundo y ya ves, los dos, somos de letras.

lunes, 15 de febrero de 2010

recordar.TE

No es que me moleste hablar de ti
prefiero hablar de ti que de otros
porque cada frase que sale de mi boca adornada con tu nombre
es como vomitar una parte de ti que aún queda dentro de mí
y así,
quizás
algún día
consiga
librarme
de
ti
no mediante el olvido
que nunca es posible
sino
mediante
el
recuerdo


viernes, 12 de febrero de 2010

febrer.o

quiero
que una noche
de
estas
me enseñes
a
escribir
haikus

martes, 9 de febrero de 2010

calor.frío

corría
escapaba
huía
hacía todo eso respecto a ti
y siempre acabábamos en el mismo punto
en el centro de tu cama
con los pies desnudos
y fríos a ratos
latentes
cansados
exhaustos

media vuelta

¿me quieres?
te quiero
¿me quieres?
silencio
silencio
¿me quieres?
silencio
¿me quieres?
sonrisas

silencio

frío
tiemblas
tiemblo
miedo
vacío
tristeza
vacío
frío
silencio
silencio
silencio

y mientras tanto
fuera estaba lloviendo tanto
como llueve ahora por dentro

lo siento

[ ... ]

- Esa cara de "sé que quieres chuparme hasta los zapatos", ¿es una pose?

- Yo no necesito poses del estilo "mírame cómo me lío un cigarrillo, soy clavadito a James Dean".

- Es una suerte, porque chupar zapatos no me va, pero te haría el traje de saliva más ajustado que vas a llevar en tu vida.

- Lástima, no salgo con fumadores.

pez.peces.pez.peces

- ¿Qué son todos esos peces en bolsas de plástico?

- Nada, he empezado a hacer una colección de peces de colores.

- ¿Ahora? ¿Justo ahora? Estás loca...

- ¿Te molestan?

- Joder, ¿crees que lo que necesitamos ahora son peces de colores en bolsas repartidos por los muebles del salón?

- No lo sé, pero al menos ellos me hacen más compañía que tú...

domingo, 7 de febrero de 2010

grita

Entonces él le dijo al oído: "háblame bajito que me quiero dormir".
Ella sonrió y comenzó a susurrarle una parte de ella pensando que así él la conocería un poquito mejor y que se la llevaría esa noche en sus sueños, a dar una vuelta, a dar un paseo de esos nocturnos, por otros lugares donde los pies nunca se quedan fríos... " te voy a contar un secreto: de pequeña solía gritar sin descanso hasta que alguien venía a mí... ahora eso ya no funciona".Él abrió los ojos y la besó, le prometió entonces que siempre que gritase, alguien iría a por ella, pero para eso, debía descansar y recuperar su voz...
Ella comprendió entonces que pocas personas eran capaces de entender lo que realmente decía cuando hablaba... dio media vuelta en la cama y lloró gritando mudamente...

sábado, 6 de febrero de 2010

.

- ¿Cómo te sientes?

- No lo sé... todavía creo que sigo en estado de shock, no soy capaz de sentir nada, es como si estuviese vacía por dentro, es una sensación horrible... no soy capaz de sentir ni melancolía, ni nostalgia, ni amor, ni odio... nada... hacia él... ¿eso se normal?

- Sí, supongo que necesitas tiempo para asimilarlo todo... no tienes que preocuparte, todos necesitamos un tiempo.

- Supongo que sí, pero yo no quiero tiempo para asimilar; quiero tiempo para poder odiar.

- ¿Odiar?

- Sí, es más fácil olvidar a alguien que nos ha hecho algo malo, que nos ha hecho llorar tanto que te niegas a seguir soltando lágrimas porque crees que ni siquiera se merece ese impulso fisiológico. Verás, es cuestión de los mecanismos de memoria... la memoria es adaptativa, es decir, hace olvidar ciertos momentos de nuestra vida para poder seguir almacenando otras cosas, lo mejor de todo es que en esa tarea de selección, los malos recuerdos, los que son elaborados con dolor y odio, son los primeros en ser seleccionados para posteriormente desaparecer... por todo eso, o solo eso, quiero odiarlo.

viernes, 5 de febrero de 2010

jueves y trece, ¿o era martes?

Anoche mientras volvíamos a casa llovía
esta tarde las calles seguían mojadas

Esta noche, mientras volvía a casa llovía
pero las calles no estaban mojadas,
supongo que solo llovía por dentro

Ahora, aprieto los dientes

(duró, mientras.fue.un.placer.)

martes, 2 de febrero de 2010

declaración de intenciones

¿Sabes?

Hace mucho frío
es más invierno que nunca

y se me amontonan las ganas
de tomar café contigo...


viernes, 29 de enero de 2010

crisis

Estaba en crisis, está claro... me costaba respirar fuerte y yo adoro la sensación de respirar fuerte, tan fuerte que duele el diafragma y las lágrimas se niegan a salir huyendo mejillas abajo... estaba en crisis, cariño... por eso lo de no importarme tus orgasmos ni si mis manos ya no te rozaban con suavidad y mis uñas empezaban a arañar, cariño, estaba en crisis...

Estaba en crisis, discutía con mis sentimientos, porque la batalla contra las emociones acabó en tablas y me puse a discutir entonces con los sentimientos, y no, no hay quien consiga ganar esta absurda batalla, pero sentí dolor, dolor... no porque perdiese la partida, sino porque no sabía planear el siguiente ataque...

Estaba en crisis, y me costaba mantenerme inerte en tu colchón, notaba cómo los muelles me encogían, me absorbían también y me dolía la espalda, cariño, te dije que tenía una contractura, pero tú llevabas un tiempo sin escuchar lo que salía por mi boca y a mí me dolía la espalda y sí, cariño, estaba en crisis...

Estaba en crisis, y no soportaba que cada vez que me despertaba, la cafetera siguiese desmontada y como si de un escaparate se tratase, pieza a pieza, colocadas a lo largo de la encimera de tu cocina... yo quería café, quería que tú me hicieses café como en las películas, como en esas películas que vemos antes de perdernos entre tus sábanas, pero cariño, yo estaba en crisis y no había café para despertar...

Estaba en crisis, por eso lloré hasta ahogar el último suspiro en tus rodillas, por eso cogí tu chaqueta para huir y ahora no se qué hacer con ella, porque he dormido las últimas noches con ella pero ya no huele a ti, cariño, ya no percibo tu olor... estaba en crisis, por eso no supe despedirme ni despedirte, pero creo que ya estoy lejos...

Estaba en crisis cariño, es lo único que puedo decirte...

jueves, 28 de enero de 2010

escritora.polar

Creo que padezco el Síndrome de Stendhal,
es lo único que me mantiene unida a ti
eso
y una inercia absurda que me lleva al epicentro de tu ombligo
y se apodera de mi estómago
y juega con él
y con sus mariposas
y luego las libera
a ratos
pero otros ratos vuelven
cuando te has ido
cuando no has vuelto
cuando te vas

martes, 19 de enero de 2010

atracciones

Entonces me di cuenta de que no era capaz de dejar de mirarle la entrepierna...

Apenas nos conocíamos, un par de cigarros, unas risas baratas en el bar del centro y olor a tabaco en el pelo...

Pero seguía sin poder quitar ojo a su entrepierna...

Las siguientes tardes las pasé entre cervezas y sus manos, también me gustaban sus manos...sus dedos... sus manos... las tenía grandes y fuertes...

Cuando llegué a casa me di cuenta de que ni siquiera sabía de qué color eran sus ojos o si tenía algún lunar adornando su mejilla...

Él tampoco sabía mucho sobre mí, pero intuía que usaba una 90 de pecho...

domingo, 17 de enero de 2010

autodestrucción

Inicias el vuelo, y una vez que despegaste, es muy difícil cambiar el rumbo... Los mandos dirigen la nave hacia una dirección y tus pies luchan por ir en dirección contraria... pero sabes que las vías nerviosas no son capaces de transmitir señales contradictorias simultáneamente y las manos que manejan el rumbo de la nave y los pies se descontrolan hasta tal punto que notas el caos interno a la altura del estómago, un poco más arriba de la cintura... algo se rompe por dentro...

Pero una vez que apareció el dolor ya no importa, quieres seguir adelante, que la nave te lleve donde quiera, porque somos de esos seres que una vez que experimentan el dolor creen que serán capaces de superarlo tantas veces como se presente ante sus ojos...

Ahora rezas, y digo bien, rezas, para que la nave no se estrelle pues cuando ésto suceda no habrá quien recomponga los pedazos. La estructura se volverá a construir fácilmente, unos retoques, un poco de maquillaje y queda como nueva de cara a la galería, pero de la estructura interna, de los interiores, mejor no hablar, porque ahí no hay quien intervenga...

domingo, 10 de enero de 2010

veintidós

Supongo que no es solo cuestión de contar o sumar, que un mes más o un mes menos al fin y al cabo no importan nada tratándose de años... que con cada paso avanzamos mucho más que soplando velas, que cada orgasmo nos hace experimentar más que miles de trozos de tarta masticados antes de pasar por tu garganta y que cada fracaso suma un punto tan grande en tu vida, que no importa los años que sume tu carnet de identidad, siempre va a sobrar un factor en la suma... Y del olvido no hablamos, porque nunca hay suficiente tiempo para conseguirlo plenamente...

A si que, me da igual cumplir 19 que 22 que 27

Porque si sumo cada parte de mi vida, pierdo la cuenta, y lo único que deseo es ver la caída de la verticalidad del número ocho, a su lado, o al lado de cualquiera que me haga sonreír a ratos sí y a ratos, también.

Porque al fin y al cabo, lo importante, es vivir
vivir sumando
pero vivir.

sábado, 9 de enero de 2010

bisiesto(s)

Las sílabas de su nombre se entrelazan con cada sonrisa que despierta en ti su gesto...

Entonces, prefieres seguir caminando, sin rumbo fijo, pero con él, como si se tratase de una gran locura pero esta ciudad es demasiado limitada para cometer cualquier locura...

Te para, te abraza y te besa, escondiendo el frío en ese instante en el bolsillo izquierdo del abrigo... Vuelves a estar allí, en el mismo punto que meses atrás, con una sonrisa enorme y ganas de librarte del resto del mundo para conseguir algo propio que solo os pertenezca a ambos...

La última hoja que quedaba en aquel árbol desciende lentamente hasta conseguir llegar a tu hombro... la recoges y sin querer, lloras...

Él aún no lo sabe...

Tú, estás condenada, como los otoños, y todo lo que te rodea forma el contexto idóneo del nuevo fracaso, de lo fugaz, porque en ti se cumple esa regla de las relaciones que también se aplica a los otoños, "relaciones bisiestas" se llaman, ya sabes, cada cuatro años, y este... no toca.

miércoles, 6 de enero de 2010

miedos paralelos

Hace un tiempo luchaba porque nuestras trayectorias compartiesen un punto de intersección, un punto de encuentro, común, causando así una interrupción en esa línea de infinitos puntos sucesivos con destino incierto; para así poder celebrar que de nuevo teníamos algo en común, una nueva esperanza, un motivo más por el que iniciar una batalla con el fin de ganar tu cuerpo por un tiempo...

Ahora tengo miedo a esa trayectoria y espero que tú sientas lo mismo y que nuestros miedos esta vez sean paralelos y no nos den motivos por los que brindar, ni luchar, ni reír, ni llorar...

Adiós

martes, 5 de enero de 2010

dentro

Supongo que solo era cuestión de agarrarse a lo de dentro, al ombligo, para ser por un instante el centro del mundo, notando como los planetas se alineaban de tal manera que una energía cósmica se centraba en ese punto concéntrico, su ombligo y por extensión a su cuerpo...

Y entonces decide dejarse caer, que no llevar, que son cosas diferentes, esta vez había que dejarse caer para ver si sus brazos eran tan fuertes que pudiesen con el peso de tus huesos, que hace días que eres poco más que un saco de huesos... pero estás guapa, aunque no te lo digo, para que no asocies belleza con delgadez, odio esas tonterías...

Caes, pero no llegas al suelo, tampoco levitas, son sus brazos los que te mantienen estática a centímetros del suelo y su sonrisa denota una alegría inmensa porque llegó a tiempo, y sigues viva, no tocaste el suelo...

Pero tú no eres capaz de vislumbrar esa sonrisa, te pierdes entre tanta belleza y piensas que ningún amanecer tuvo tanta luz como su rostro, y que te encanta pero no se lo dices porque no puedes verlo, tampoco estás segura de sentir todo eso, así que cierras los ojos y que sea lo que tenga que ser...

Entonces él te besa y tú renaces, y ganas peso, ya no eres un enorme saco de huesos, porque él hace tiempo que se ha instalado en tu pecho y ahora, no hay quien lo saque... y quieras o no, eso, pesa.